Nutrición para el estrés

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Se puede considerar estrés cualquier cambio, positivo o negativo, que provoca una reacción de adaptación, física o mental, por parte del organismo. La adaptación a las situaciones cambiantes del entorno forma parte del proceso vital, y de hecho constituye la principal motivación de evolución del hombre. El organismo, en respuesta al estrés, evoluciona siguiendo una serie de etapas. En un primer momento, el estresor (frío, ruido, mala alimentación, enfados) genera una respuesta de alerta, para “combatir o huir”, que se caracteriza con síntomas como la taquicardia, aumento de la temperatura y de la respiración, bloqueo de la digestión, aumento de los niveles de glucosa y grasas en sangre, retención de sal, extracción de los minerales del hueso y aumento del volumen de sangre. Los responsables de estas reacciones son los neurotransmisores y hormonas producidas por el sistema nervioso simpático (adrenalina y noradrenalina) y glándulas suprarrenales.

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Si el estrés se prolonga durante un tiempo, se pasa a una segunda etapa del proceso de adaptación en el que las glándulas suprarrenales pasarán a producir principalmente cortisol. Cierta cantidad de cortisol es necesaria para la adaptación saludable al estés, sin embargo su exceso produce efectos perjudiciales para nuestra salud, como hipoglucemias y sensación de hambre constante, favorece la pérdida de minerales del hueso, el metabolismo se hace más lento, destruye de la flora intestinal beneficiosa y hay una disminución de la capacidad inmunitaria del organismo. Esta situación de estrés prolongado también reduce la capacidad de producir la hormona DHEA, con funciones tan importantes para nuestra salud como la producción de hormonas sexuales, la formación de masa muscular y hueso, la reducción del colesterol LDL y la disminución de la grasa corporal.

Durante estas dos primeras etapas, si el organismo contaba con un buen estado de salud inicial, puede reparar de forma más o menos eficiente los daños producidos por el estrés, pero si la situación se sigue prolongando, la capacidad de reparación se ve disminuida y puede fallar si no se cuentan con los nutrientes adecuados, llegando al estado de agotamiento. En el estado de agotamiento el organismo intenta obtener energía a partir de sus propias proteínas, produciéndose lesiones en órganos y tejidos, el nivel de potasio se reduce considerablemente, con el consiguiente daño para el corazón, se disminuye la producción de hormonas glucocorticoides, las células dejan de recibir los nutrientes que necesitan y los órganos se van debilitando poco a poco.

El estrés no puede evitarse por completo, pero si se puede hacer frente a él de forma saludable, proporcionándole al organismo los nutrientes necesarios para su adaptación. La capacidad que tiene una persona para adaptarse al estrés depende en gran medida de su capacidad para producir ciertas hormonas. Como nutrientes importantes para la producción de hormonas antiestrés destacan:

· Las proteínas. Han de ser de calidad, que contengan todos los aminoácidos esenciales.

· Vitaminas C, E, B2, B5, B6 y Colina.

· Ácidos Grasos Esenciales Omega 6 y 3.

El control de la glucosa en situaciones de estrés es muy importante para evitar bajadas de azúcar que activen innecesariamente las glándulas suprarrenales. Nutrientes que ayudan a esta regulación son:

· Minerales: Zinc, Magnesio y Cromo.

· Vitaminas B3 y B6.

 

El estrés se convierte en un problema cuando no se puede hacer frente a él de forma saludable, cuando el organismo no esta correctamente nutrido para abordarlo, por lo que es importante que diariamente se cuenten con unos hábitos saludables de alimentación y actividad física y que, si a través de los alimentos no se puede asegurar un aporte de nutrientes suficientes, se suplemente la dieta con ellos.

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